Mostrando las entradas con la etiqueta Anécdotas. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Anécdotas. Mostrar todas las entradas

domingo, 9 de octubre de 2011

La llamada de Fargas




Tres tonos de teléfono y un silencio antes de colgar me bastaron para saber que Fargas estaba vivo. No sé si bien o mal, pero vivo al fin y al cabo.

“Bicho malo nunca muere” me dije acariciando la duda de esa afirmación aplicada al caso, mientras miraba como la noche y su silencio ahogaba los llantos de un perro viejo. Quizá eso me hizo pensar que a un perro viejo y sarnoso como Lluís Fargas nada podría pasarle.

Apuré la última calada de mi cigarro, sabiendo que iba a ser una noche muy larga.

Un lejano sonido de teléfono me despertó sobre las cuatro de la madrugada…

Corro peligro, pueden localizarme. Era simplemente para decirte que sigo vivo.

Colgó, y me vino una sonrisa pícara a la cara. Y es que la voz de un muerto es siempre más agradable de oír que la de cualquiera de los vivos…

sábado, 27 de septiembre de 2008

Peluche ha salido de otra


Peluche ha salido de una más. Sí, el gato familiar fue operado por mi hermana en el día de ayer de un pequeño tumor, y parece que está evolucionando de manera favorable.

A veces me parece que es como un gato de la “jet-set” (término ochentero utilizado en general, aunque no siempre, para denominar a snobs tan forrados de pasta como de mal gusto), y es que ha pasado más veces por el quirófano que cualquiera de ellos. Aunque claro en esta ocasión no se trataba de una operación estética.

Pues eso, que Peluche está bien, y ya lleva una más.

Felicidades a mi hermana y al gato que la aguanta (al gato, no al que la aguanta).

Foto: Peluche envuelto para regalo (archivo del autor)

sábado, 21 de junio de 2008

Pipo: el pastor tomareño


Os cuento una historia que me ha venido a la memoria con ocasión de mi última visita a la morada paterna de unos amigos. Se trata de la casa de Fleky (el crítico de blogs) y Pocotá (su hermanísimo). Esta historia también va de perros (lo digo por mi pequeño tributo a Suki también en estas páginas).

Hoy quiero hablar de Pipo, el perro de Fleky y Pocotá, querido donde los haya. Este pequeño gran amigo del hombre, no era un can cualquiera, sino que tenía la facultad de hacerle ganar al Fleky nada menos que botellas de Ballantines (¿debería poner de un conocido güisqui?), y todo ello por mor de unas apuestas.

El juego consistía en lo siguiente: Pipo que no andaba muy bien de salud era objeto de apuesta por Fleky con un colega suyo. La apuesta consistía en que no moriría el verano de marras, esto es, antes del 1 de septiembre, y así estuvo cuatro años; o lo que es lo mismo cuatro botellas de ballantines, pero de esas de cuando teníamos veinte años. Cuatro veranos en los que las patas traseras de Pipo dejaban de funcionar en las horas calurosas del día para volver a funcionar por las noches en las barbacoas.

Como anécdota narrar el verano en el que al padre de Fleky le dio por andar y el chucho se iba tras él. Le dio un jamacuco en la casetilla del guarda de la urbanización (a unos 300 metros de la casa), su padre siguió con el paseo y lo dejó allí para que se volviera a casa pues parece conocía el camino. Como Pipo era de espíritu terco intentó seguirlo arrastrándose como un gusano. Al final volvieron los dos en el coche del guarda con el chucho que se moría.... Ese año, el colega de Fleky le llamó, por la tarde, desde la casetilla del guarda para confirmar que la apuesta seguía en pie, el guarda se lo había contado y vio el cielo abierto el muy mamón, pero ese año Fleky también ganó su botellita.

Desde aquí mi pequeño tributo a Pipo, el pastor tomareño que tuvo la desfachatez de creerse inmortal.

lunes, 10 de septiembre de 2007

Arte gadita


En fin, se acabó lo bueno, terminan las vacaciones y aquí estamos de nuevo.

Os cuento una anécdota veraniega.

Resulta que llevo un par de años disfrutando de unos días de vacaciones en la provincia de Cádiz. De esa zona destaca enormemente el humor de sus gentes, una mezcla de ingenio y arte que no tiene parangón. A buen seguro que mi querido amigo El Oliva, podría contarnos más de una anécdota de su tierra, yo por mi parte contaré una de este verano que me ha hecho mucha gracia.

Sucedió mientras estaba leyendo en la playa. Fue uno de esos días nublados que no abundan en agosto, casi otoñales, y que por ello hacen que la playa agosteña, más descongestionada, sea más agradable. Pasaban por la orilla los tradicionales vendedores ambulantes de latas de refrescos, patatas y camarones con su tradicional cántico de “cocacolaaaaaaaaa, servesaaaa, aguaaaaaaa”. En esas estaba cuando de pronto llegó a mis oídos un griterío especial. Tenía un tonillo algo robotizado, extraño en definitiva, de tal manera que la curiosidad hizo que me incorporase para escrutar a su autor. Y sucedió.... De repente vislumbré al emisario, el cual llevaba un magnetófono, sí, esos de las manifestaciones. “Mu práctico que er shavá”, me dije. Se trataba de un fulano de unos ochenta años. Pero lo mejor vino después... Conforme iba acercándose, me di cuenta que el vocero estaba haciendo play back, sí sí, como lo oyen, tenía puesto el magnetófono y movía la boca como si fuera un cantante de programa de música. Y la guinda vino después; cada vez que terminaba la retahíla finalizaba con una coletilla épica que esa sí que iba en directo “llevo er camarón, la servesa, el agua (voz en play back) ¡y yastá (voz en vivo)!”...

Grandioso... Vender no vendía –quizás el mal tiempo- pero nos regaló una de las mejores sonrisas de todo el verano.

martes, 31 de julio de 2007

Críticos, criticados, colaboradores y demás almas blogueras


Llegan, por fin, las vacaciones para quien suscribe, y me despido con unas breves y generales conclusiones sobre los blogs.

Es evidente que la blogosfera ha supuesto un modo de comunicarse nuevo, con encanto y personalidad. Por medio del blog, su autor explica, cuenta, muestra, relaciona, etc, un conjunto más o menos coherente de ideas propias que, por medio de la tecla, se vuelven impropias al volar libres por el cielo virtual.

Además, al autor del blog, como corolario natural del mismo, se le une aquel sujeto que, una vez lee la entrada (post) de turno, deja un comentario. Personalmente admito cierto nerviosismo infantil cuando al abrir el blog encuentro que alguien me deja un comentario. Sin duda, mis numerosas admiradoras -entre las que no cuento, como predican las malas lenguas, con quien soporta mis ronquidos- lo saben, y para ahorrarme los consabidos nervios, se abstienen de dejarme comentario alguno; por suerte, siempre me queda el agudo comentario de “El Oliva”.

Pero –¡sorpresa!- todavía queda un personaje más que pulula por ese mundo virtual que son los blogs: el crítico de blog.

Pues sí señores, sucedió este fin de semana cuando acudía a la convocatoria anual que, tan amablemente, y previo pago de 40 euros, lleva a efecto desde tiempos inmemoriales “El Oliva” en Villa Luxury (palabra, se llama así; bueno, se ha llamado así siempre, y puesto que no tiene ningún azulejo en fachada que disponga lo contrario, es de iure su nombre al haber adquirido el mismo plena sustantividad). Como digo, salió el tan ameno tema de los blogs, y allí entre copa y puro, con regusto a gamba sosa, el Oliva le pregunta a Fleky: “¿Oye, tú por qué no abres un blog?”, a lo que Fleky aspirando el habano “como si fuera la última vez” le contesta: “Perdona, yo soy crítico de blogs”... Y se quedó tan pancho. Increíble, pero cierto.

En fin, felices vacaciones a los que las disfruten, y ánimo a los que no.


Ilustración: Douglas

martes, 24 de julio de 2007

Suki: el pastor italiano


Suki, perteneciente a una hornada de fieles y astutas mascotas, junto con Petra, Pipo y el gato Balilla, ha muerto.

Se nos ha ido todo un pastor italiano de pura raza, el cual ha sido capaz de sobrevivir a todo tipo de calamidades y hambrunas.

Logró sobrevivir a Petra, la perra que era más inteligente que muchas personas; y que, a pesar de tener matriz, todavía la gente le preguntaba a su dueño si era macho o hembra. También sobrevivió al incombustible Pipo, que por supuesto no murió por muerte natural, sino atropellado por un descuido -¿fortuito?- de su dueña. Y por último también sobrevivió a Balilla, la gata que tenía más operaciones del mundo y con la que mi hermana aprendió a operar.

Muchas han sido las historias que podríamos relatar de nuestro querido Suki, pero sin duda alguna merece la atención aquella en la que el pastor italiano, en un alarde de autosuficiencia, se negó a que lo vacunaran, hizo un hatillo y se fue de casa para volver al cabo de los quince días con un reguero de perrillas infectas que reclamaban su paternidad...

Y es que el pedigrí, es el pedigrí.

Sirvan estas letras para dar un último adiós a nuestro querido Suki: el pastor italiano.
Nota: la de la foto es una de las perrillas infectas.

viernes, 6 de julio de 2007

¿El adiós de Fargas?


Vació medio cargador sobre su estómago –un Chivas Regal de 12 años- y me miró con sus penetrantes cicatrices más allá de mi corteza cerebral.

-Lo sabe –me dijo-. Lo sabe y ya no tengo escapatoria. Me voy, vengo a despedirme.

Esas fueron sus únicas palabras. Me dejó la botella vacía, un aseo sucio y una nota en el espejo.

(Ni siquiera pienses en mí. Firmado: Fargas).

Sólo hay una cosa que podría hacer huir a Fargas: la insoportable sensación de saberse perdedor en un duelo con Afrodita. El insoportable estremecimiento que sintió al adivinar que nunca más olería el cabello que, amarrado en su puño, tantas veces besó en la judería. Justo allí, en la calle Vida.

Vida -la suya- que ahora no le importaba ni un céntimo.

miércoles, 30 de mayo de 2007

Fargas


Hoy me encontré con Fargas, Lluís Fargas. Me dijo lo mismo de siempre, que como está el mercado, que como me va la vida.

Fargas es un tipo peculiar, le gustan los pinchos de tortilla y el vino tinto de Tierra de Barros. Habla de todo pero nunca de sí mismo. Siempre anda metido en líos. No sé a que se dedica exactamente, pero es de ese tipo de personas que no me extrañaría nada verlo tirado en el Callejón del Agua con la nariz partida y el labio sangrando. Aunque, claro, si así te lo encontraras te dedicaría una sonrisa y te diría “¡eh! soy Fargas, ¿no me reconoces?”.

Hay gente que, aunque tenga la cara destrozada por la vida, siempre será reconocible por ese gesto, esa sonrisa, o esa cicatriz; testigos mudos del paso del tiempo.